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En memoria del gran pinarero Julio Mordan

Julio Mordan
(Foto enviada por Ing. Wilson Castillo)

A principios de enero del año 2014, el distrito municipal de El Pinar en San José de Ocoa, sufrió la pérdida de uno de sus hijos pródigos, un ser humano definido por quienes lo conocieron como indoblegable trabajador, servicial y con un característico sentido del humor que le hizo merecedor del cariño de hombres, mujeres y niños dentro y fuera de la comunidad pinarera.

Estamos hablando de Julio César Mordan, quien murió trágicamente en la loma de La Ciénaga de El Pinar, al ser embestido y herido mortalmente por un buey cuando se disponía a amarrarlo, el suceso al ser conocido por la población provocó que decenas de personas desafiaran las malezas de los caminos y las alturas de la montaña para llegar hasta donde yacía su cuerpo, para luego ser trasladado hasta la casa donde residía.

Al momento de su muerte tenía 55 años, Julio Mordan, como era conocido popularmente, nació en la comunidad de la Isleta, pero creció y siempre vivió en El Pinar, donde era ampliamente querido y respetado. Como muestra del aprecio que se ganó, a finales de 2014, cuando apenas se cumplían algunos meses de su fallecimiento, le dedicaron las novenas de las Fiestas Patronales por disposición del comité organizador, haciendo honor a su memoria.

Con la intención de mantener vivo el espíritu y buenas acciones de ese gran pinarero , desde este medio contactamos al ingeniero Wilson Onassis Castillo, que fue como un hermano de crianza para Julio Mordan  y resaltando el peculiar estilo y características que lo definían, lo recuerda de la siguiente manera: »Mira creo que Mordan tenía un sentido del humor muy fino y desarrollado naturalmente, una persona que apenas sabía escribir su nombre, sin embargo, hablaba correctamente y con un tono de voz muy elevado, prácticamente voceando. Su humor consistía en aumentar o exagerar las comparaciones, pero de manera repentina y espontáneamente».

A continuación plasmamos de forma íntegra dos anécdotas que nos hizo llegar el ingeniero Castillo, las cuales narran algunas de sus vivencias junto a Mordan:

 «Un día veníamos del Pomo, cuando llegamos al Pinar frente a donde vivía Carlos Casado, había un tumulto de personas en una gallera improvisada, y me dice Mordan, ven vamos a ver peleando un gallo que tienen los morriones de Sandino Colá, le pregunto es bueno, se le puede apostar?, me contesta; «Mira muchacho ese gallo le pueden dar un Helicóptero a los morriones y no lo venden, tú no sabes que ese gallo es mejor que los de Rafael Perello, dueño de Café Santo Domingo».

«En efecto vimos el gallo peleando y casi de inmediato le ganó fulminantemente al gallo de Casiano, hijo de Altagracia, y me dice Mordan, ‘te lo dije Onassis, ese gallo de esos muchachos lo pueden amarrar una semana sin comer y si picó, aunque sea una cucaracha desbarata el otro».

«Andy, te puedo contar cientos de anécdotas e historias que pase con Julio Mordan que son para morirse de la risa, como esta que él me contó».

«Un día esta borracho en la parada del Pinar en Ocoa, hacía mucho rato estaba esperando un concho específico que él tenía, se me escapa su nombre ahora, en eso viene la guagua de transporte de pasajeros de Ocoa a Santo Domingo y le dice el cobrador: rubio vamos para Santo Domingo, vámonos dice JM, pero son como las 6:00 de la tarde, Mordan se acostó en la cocina a dormir por el jumo, cuando llegaron a Santo Domingo, 8:30 a 9:00pm, imagínate al parque Enriquillo le dice el cobrador bájese rubio que hasta aquí llegamos y hoy no volvemos a Ocoa, la guagua la guardamos en un lugar y no puede amanecer nadie dentro».

 «Qué lio, Mordan un hombre de campo su experiencia es en el Pinar, el Bejucal, la Isleta, él no sabía andar aquí en la Capital, solo recordaba que Olivia Casado, su hermana vivía en la Av. Venezuela en el barrio Ámbar, frente a los transformadores, esta historia te orinabas de reírte contada por el mismo Julio. La conclusión fue que cuando trató de buscar un transporte público para ver como llegaba donde Olivia, la ruta de la guagua que pasaban en ese entonces y a esa hora por las inmediaciones del Parque Enriquillo no cruzaban a la zona oriental de la capital, sino que decían: ‘’Hospital Marion, UASD, Feria”, ‘’Hospital Marion, UASD, Feria”, ‘’Hospital Marion, UASD, Feria”, disque dijo  Mordan: »Bueeeno Ahora si estoy yo perdío, ‘ni estoy enfermo, ni voy a estudiar a la UASD, Jajajajaja».

De esta manera, entre anécdotas y risas memoramos a Julio Mordan, para que el legado que nos dejó, labor y servicio social que desempeñó, estén latentes por siempre en el corazón de las generaciones actuales y futuras de nuestro distrito municipal de El Pinar.

Por Andy Pujols

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